Noche de Tormenta (Relato) Leido 10.313 veces

 
 
Esta es la primera parte de una vieja historia que tenía en mente y he recuperado para desarrollarla más y finalmente terminarla.
Ignoro aun que extensión podrá alcanzar aunque mi intención es que sea alrededor de unas 50 páginas, suficiente para un desarrollo completo, tampoco pretendo escribir un libro.
He decidido compartirla aquí con vosotros para según la vaya desarrollando ver que partes puedan gustar y cuales no, incluso tener en cuenta ideas y opiniones que tengáis que ofrecer.

Noche de Tormenta (Parte I)

Esa noche una tormenta rugía desde las montañas augurando malos presagios. El rápido viento golpeaba con una fuerza descontrolada los árboles, que se agitaban como si fueran ramitas a punto de partirse.

Los tres compañeros se internaron en silencio en la boca de la cueva. La figura mas baja, de talla sensiblemente inferior a un hombre, se agacho y hurgo en su empapada bolsa de viaje. El enano intentaba encender una antorcha, tras un par de minutos de esfuerzos infructuosos y un sin fin de maldiciones, el hombre embozado en una túnica pronuncio una palabra de poder arcano. Al instante la entrada de la cueva se ilumino con una luz procedente de una esfera de metal. A pesar de su reducido tamaño, apenas el de una canica, esta ofrecía tanta o más luz que cualquier antorcha.
-Podrías haberlo hecho antes -comento el enano bruscamente.
-No quería de ningún modo querido amigo, privarte de la gloria de proporcionarnos algo de luz -comento divertido el hombre de la túnica -Además, aprendía tu extenso vocabulario sobre maldiciones-señalo mordazmente con expresión divertida en los ojos.

El otro componente del reducido grupo ahogaba su risa con la palma de una mano.
-No olvidemos a que hemos venido -tercio.

De inmediato el semblante de los tres amigos se ensombreció ante la perspectiva de lo que debían hacer. Su compañera había sido secuestrada, y ellos la iban a rescatar, lisa y llanamente.
-Siempre soy el blanco de vuestras bromas -insistió tozudo el enano mientras emprendía la marcha hacia las entrañas de la montaña.
Los dos hombres intercambiaron una mirada divertida y continuaron tras los pasos del enano.
-Eso no es cierto Elric -señalo el mago- también nos reímos de Aldaron.
Elric III, mas conocido entre sus amigos de aventuras, simplemente como Elric, se giro violentamente haciendo que los dos compañeros casi tropezaran con su robusto cuerpo. Puso los brazos en jarras y lanzo una furibunda mirada a los dos hombres.
-El elfo -señalo Elric mas que enfadado- no hace caso de vuestras pullas.

Acto seguido, se dio la vuelta nuevamente y encabezo la marcha. Los dos amigos, entre sorprendidos por la forma de actuar de su compañero y medio divertidos por la respuesta, aguantaron las risas. No así la sonrisa que afloro a sus bocas.
-Y no se da cuenta de que precisamente estos arrebatos son lo que hace que nos metamos mas con el que con Aldaron -comento por lo bajo el mago.

Ilekam puso una mano encima del hombro del mago, le sonrió ampliamente.-Esperemos que no se de cuenta por nuestra diversión -comento en voz baja- pero no estoy tan seguro, de que nuestro paticorto amigo no lo haga alguna vez por que es lo que esperamos de él -añadió.

-Pregúntale a Tovak por que el NO tiene la túnica mojada cuando nosotros SI estamos empapados -dijo Elric con un tono de suficiencia.

Ilekam hizo ver que no hacia caso al enano, pero no pudo por menos que echar una mirada de soslayo a Tovak. En efecto su túnica estaba bien seca, sin ningún rastro de humedad, en tanto el y Elric estaban calados hasta los huesos por la lluvia. El mago sin el menor atisbo de humildad se limito a encogerse de hombros, ante el comentario.
-Es por las propiedades mágicas inherentes de la túnica -aclaro- me mantiene seco.

Tanto Elric como Ilekam no acabaron muy convencidos por la aclaración, pero no dijeron nada. Su amigo era bastante reservado en muchas ocasiones, y los dos prefirieron no ahondar mas en el asunto.

Continuaron avanzando por el angosto túnel con la única compañía de sus pensamientos. Descendieron lentamente lo que pareció ser durante horas. Elric avanzaba cauteloso, el mundo de los túneles no le resultaba desconocido. Casi toda su vida había vivido bajo tierra. Hasta que la desgracia se cernió sobre su pequeño clan y fueron expulsados de su hogar. Apenas medio centenar de enanos sobrevivieron al ataque de los miles de goblins. Desde ese aciago día, el enano viajaba solitario por la región, como aventurero ocasional. Eso cambio el día que conoció a Ilekam y le salvo la vida de un linchamiento. Aun se preguntaba por que demonios tuvo que hacerlo. A partir de entonces trabo amistad con el pícaro, no tanto con el mago que era su amigo ni con el elfo montaraz. Pero con el tiempo había prendido a apreciarlos y valorarlos. Resultaban buenos compañeros. La debilidad de su corazón duro como una piedra, estaba secuestrada. Se llamaba Arianna, y el enano haría todo lo posible por rescatarla. Sin darse cuenta acariciaba amorosamente a "Matilda" su hacha de guerra, pensando en como reduciría la talla de esos bastardos con ella en cuanto el y los demás dieran con ellos.
Ilekam hizo detenerse al enano.
-Mira allí -dijo señalando una abertura unos metros mas adelante.
-Avanzaron cautelosos, sin decir palabra, el pícaro tomo de la mano de Tovak la canica luminosa y se interno por la estrecha abertura mientras sus amigos le esperaban pacientemente en silencio. Al cabo de un rato Ilekam surgió de nuevo y les hizo un gesto para que le siguieran.
-Procurad no hacer ruido -les dijo mientras dirigía una mirada a toda la parafernalia de metal que llevaba Elric- Mas adelante tendremos que escalar un poco, pero este túnel nos lleva a la sala que vio Tovak en la bola de cristal, a juzgar por la descripción que dio.
-¿Entonces este es el lugar? -pregunto ansioso Elric
-Eso parece.
-Pues no perdamos tiempo -dijo el enano con una mirada de odio en sus ojos- ¡Adelante! Solo espero que el elfo tenga tiempo de sobra para hacer su trabajo.
-Lo tendrá, confía en el -se apresuro a decir el mago, consciente de que todo lo que hicieran allí seria inútil si Aldaron no lograba cumplir su parte del plan.

Continuaron avanzando unos minutos hasta llegar a una pared derrumbada. A unos siete metros por encima se perfilaba un saliente, detrás de el, una brecha en la roca. Ilekam escalo el primero con presteza, y desde arriba les tendió una cuerda. Después Tovak se atrevió a subir ayudado por la cuerda y finalmente Elric con casi todo el equipo de campaña del grupo a sus espaldas, subió con algunas dificultades, mientras rezongaba frases sobre que los enanos no estaban hechos para andar imitando a los monos. Una vez arriba se despojaron de los elementos que creían que no les harían falta, y estar más preparados y ligeros, para cuando se presentaran los inevitables problemas.

Se introdujeron por la brecha de la pared. Esta daba al nivel del suelo de una sala enorme. La sala estaba sostenida por columnas tan gruesas como un árbol centenario, y el techo se cernía a unos doce metros ligeramente abovedado. La luz de su bola "mágica" no conseguía alcanzar los limites de las paredes restantes. Comenzaron a caminar en silencio entre los cascotes y suciedad, pegados a la pared para evitar posibles emboscadas. Las armas prestas. Elric en cabeza, con Tovak detrás y el pícaro Ilekam cerrando la marcha.

Elric solo sentía el bullir guerrero de venganza en su sangre, y no vio venir la amenaza. De repente una parte desconchada del muro, y con una grieta grande sobre sus cabezas, se vino abajo. Elric maldijo entre dientes mientras se erguía de entre una nube de polvo y cascotes. Tovak, más ágil se aparto justo a tiempo de un salto. La grieta era ahora bastante mas grande, y desde la oscuridad algo emergía.
-Por las barbas de...aaaaaarrrrgggg -la exclamación del enano se convirtió en un grito de dolor cuando una garra en forma de pinza le atrapo por la cintura y comenzó a apretar con una fuerza monstruosa.

El pícaro giro sobre si mismo hacia la izquierda, mientras con un único movimiento mas parecido a un paso de baile que a una situación de lucha, desenvaino su espada corta y golpeaba en una pata a la criatura.

La sorpresa hizo que el monstruo, parecido a un escorpión gigantesco, aflojara su presa un momento. Eso fue todo lo que Elric necesitaba para afianzarse sobre sus regordetas piernas, y aferrar fuertemente el hacha con ambas manos. Por detrás de él, Ilekam ya daba una voltereta hacia atrás para esquivar ágilmente la otra garra del monstruo. Tovak, una vez repuesto del momento de confusión, dejo caer la canica que reboto en el suelo y fue rodando lentamente hacia la pared. Mientras con expresión serena alzo una mano y pronuncio las arcanas palabras de un conjuro. El rayo azulado que salio de su dedo extendido no fallo su objetivo, y golpeo al monstruo en su cuerpo oscuro y quitinoso, levantando una pequeña nube debido al calor producido al quemar la carne. El monstruo se quejo con un aullido leve.
-¡Mioooooooo! -grito Elric mientras le golpeaba una y otra vez en su cabezota, abriendo una brecha enorme y salpicando todo de sangre, trozos de armadura quitinosa y masa encefálica.

Solo cuando el monstruo se hubo derrumbado a medio salir, del agujero infecto del que procedía, Elric dejo de golpearle con su hacha. Después examino con ojo experto los daños en su cota de mallas. Una vez satisfecho y comprobando que no estaba dañada, ni el mismo tampoco, excepto por una contusión que le dolería unos días, se planto delante de sus amigos balanceando a Matilda.
-¿Que? ¿Nos vamos? -dijo mientras se giraba decidido a seguir adelante como si tal cosa.
Por detrás de el, Tovak se atrevió por fin a recoger la canica luminosa, y echar un ultimo vistazo al bicho muerto. Tanto el como Ilekam se encontraban aturdidos con la demostración de poder que era capaz de esgrimir su bajito amigo. Ilekam seguía al mago, silencioso como un gato. No dejaba de pensar algo: -¡Pero que bestia es!
Y volvió a sentir respeto por su amigo mientras se hacia la firme promesa de no hacerle enfadar en unos cuantos días.

* * * * * *

En la oscuridad de la noche azotada por un viento terrible, una figura se movía veloz entre los árboles. Hacia tan solo un rato que había dejado de diluviar, dejando paso a una leve llovizna. Aldaron solo estaba concentrado en una cosa. No perder el rastro. Llevaba toda la tarde corriendo en pos de su presa, no dejaría que se escapase. Él era uno con el bosque, podía ver en la noche casi tan bien como de día. Siguió corriendo un rato mas con el arco colgado del hombro. Trepaba y se movía sobre los árboles con la agilidad de un felino, cuando le hacia poder ir mas deprisa sin arriesgarse a caer por el viento.
Solo deseaba que Ilekam y los demás hicieran su parte, por el bien de su amiga. Ya sentía a su presa cerca, podía casi olerla. Cogió su arco largo en la mano, mientras su expresión seria no cambiaba un ápice. La caza iba a concluir, y por primera vez desde que empezó a seguir el rastro se permitió una leve sonrisa, en cuanto diviso la presa. Iba a ser divertido. Entorno algo los ojos y tenso los músculos de su esbelto cuerpo. Allí, subido a una rama alta, camuflado, el elfo observo pacientemente.


 

 





 
Bastante bueno Toritaka, me has hecho pasar un buen rato leyendo. Interesante historia, bien redactada y entretenida. Espero que sigas adelante con ella.

Por el momento y por ser la primera parte no tengo nada que criticar ni opinar, me facinan este tipo de historas.

Nos vemos.

PD: esto me hace acordar que debo seguir "Leyendas de Tierras Desconocidas". Tengo que encontrar el archivo primero jaja.

 

 


 
NOCHE DE TORMENTA (Parte II)

Deambulaban por las galerías más allá de la sala donde habían acabado con el monstruo con aspecto de escorpión gigante. Habían descubierto que se trataba de de un templo o capilla, pues descubrieron una serie de bancos destrozados tanto por la acción de una lucha, como por el paso del tiempo. También había un altar, dedicado sin duda a alguna oscura deidad largo tiempo olvidada. La marcha la encabezaba Elric con paso decidido. El pícaro iba detrás de Tovak con gesto serio, cerrando la pequeña comitiva.

Ilekam no podía dejar de pensar en lo que Tovak les había contado después de escudriñar durante varios días su bola de cristal. Según el mago, había una serie de galerías principales infestadas de trasgos. El sabía muy bien de lo que esas perversas criaturas eran capaces. No solo eran terriblemente malvados, sino que además eran inteligentes. Por norma eran mas altos y fuertes que un hombre, llegando a medir casi dos metros. Solo sus puntiagudas orejas y su oscuro pelaje, junto con la expresión cruel de sus salvajes facciones les diferenciaban de un humano.

Con gesto ausente se acaricio el cuello por encima del pañuelo que siempre llevaba anudado alrededor. Siempre que recordaba el suceso de aquella tarde, le picaba la cicatriz que tenia de recuerdo. Jamás olvidaría los días de cautiverio pasados en manos de esa maligna raza. Ni las noches de tortura, hasta que se aburrieron, y verlo bailar colgando de una soga les parecía lo suficientemente divertido. Con un movimiento de cabeza se obligo a apartar esos sombríos pensamientos de su mente, y concentrarse en el presente.
-¡Mirad! -señalo el pícaro- ¿Lo veis?
-¿Ver que? -pregunto Elric
-El suelo bajo tus pies. ¡Enano cabezón! -replico Ilekam mostrándoles con un gesto de la palma de su mano el suelo donde se encontraban.
-¿Que le pasa al suelo?
-¡Oh! Solamente que antes nosotros íbamos dejando huellas de pisada allá por donde pasamos, arrastrando el polvo acumulado por los años, y ahora no.
Esto significa que por aquí pasa gente de forma regular. Estamos cerca -sentencio.
Debería adelantarme algunos metros por delante e inspeccionar los túneles.
-Pasa gente -dijo Elric- O esos malditos gran trasgos. ¡Oh si! lo olvidaba.
El enano saco de su zurrón un tubo hermético para guardar pergaminos. Lo abrió y vació el contenido en su mano. Un papel y un trozo de carboncillo. Desenrollo el papel y sus amigos pudieron comprobar que estaba repleto de casillas. Elric marco una "equis" en la primera casilla. Volvió a enrollar el papel, y lo metió junto con el carboncillo en el tubo hermético. Después guardo este otra vez en el zurrón.

Los dos hombres fijaron sendas miradas cargadas de incredulidad sobre su compañero.
-¿Que os pasa? ¡Parecéis un par de bobos mirándome así! ¿Estáis enamorados de mi o que? -pregunto con impaciencia.
-¿A que se debía eso? -se atrevió a inquirir Tovak.
-¡Ah! Se trata solo de una idea nueva que me ha ocurrido -aclaro con una sonrisa en los labios- Es un muertometro, sirve para llevar la cuenta de las bajas. Había pensado en un ábaco -continuo con gesto ausente- Pero no conseguí que el vendedor me explicase muy bien como se utiliza. Es muy complicado -terminó sin darle mayor importancia.
Tovak contemplaba a su amigo con absoluta incredulidad con los ojos casi desorbitados. Ilekam, en cambio comenzó a sonreír ante la ocurrencia del enano. Aun así se atrevió a preguntarle algo a su amigo.
-Elric, querido amigo. ¿Estás seguro que tu madre no te dejo caer de cabeza cuando eras pequeño?
-Muchas veces, por supuesto -contesto el enano- ¿Como crees si no que conseguimos tener la cabeza tan dura?

Tovak no podía mas. Ignoraba si el enano habla en serio o se trataba de algún tipo de broma. Elric se había girado y no podían verle la cara para alcanzar a discernir la verdad. El enano sonreía de oreja a oreja entre las sombras.
Una vez más, el enano y el mago se alegraron de la eficacia del pícaro en el arte del sigilo. Ilekam había regresado de su excursión con nuevas interesantes. Les informo que a partir del punto donde se encontraban, los túneles de más allá se ensanchaban hasta los seis metros. Aunque el techo seguía manteniendo los tres metros escasos como hasta ahora, excepto en las habitaciones o salas, donde ascendía hasta casi el doble. Así mismo les había hablado de la existencia de unas mazmorras bajando por una estrecha escalera que iba a dar a un pasillo. En las paredes del pasillo se encontraban las puertas de madera de las celdas. Había oído por lo menos media docena de trasgos allí abajo. También les informo que con total seguridad los monstruos tenían varios cautivos.
-¡Maravilloso! -exclamo Elric- Tal vez consigamos algo de ayuda extra, y solo por seis de esos bichos apestosos hijos de una perra.
-Lo dudo mucho -le replico el pícaro- No conozco casi su lengua y apenas entendí algo, pero creo que se puede tratar de Melnac, el comerciante de aceite y su gente. Hacia días que deberían haber llegado a la ciudad. Por lo visto ya conocemos la razón del retraso. Conoces tan bien como yo a Melnac. Es un avaro y no se gasta su preciado oro en profesionales, solo tienen la pinta de soldados. ¡Nada mas!
-¡Bah! No les necesitamos. Nosotros solos nos bastamos ¿Verdad Tovak? -apunto el enano en tono despectivo.

El mago dirigió una falsa mirada destinada a complacer a su amigo.
Tovak no estaba tan seguro. No les había contado toda la verdad a sus compañeros de aventuras. Si por el mismo fuese dejaría a su suerte a la sacerdotisa.

Temía que Jhurgen el Nigromante estuviera mas allá de sus posibilidades. Pero por la remota probabilidad de hacerse con el grimorio del mago, estaba mas que dispuesto a correr el riesgo. A Tovak le había costado mucho esfuerzo conseguir la información de que disponían; y oro también. Lo que el mismo no pudo averiguar, lo hizo otro mago en su lugar. Le había costado una pequeña fortuna, pero lo consideraba una buena inversión, ya que de ese modo sus amigos le tendrían por mas poderoso y serian menos propensos a jugársela en tanto él les necesitase. Además no podía dejar de pasar por alto el hecho de que por esto le deberían alguna clase de favor. Cosa que el taimado mago procuraría de recordárselo a su debido tiempo.

Descendieron en silencio por las escaleras que conducían a las celdas. Ilekam saco una daga de su funda y con la otra mano sostenía su espada corta.
-¿Preparados? -pregunto con voz seria. Sus amigos asintieron al unísono. -Bien, hagámoslo en silencio -comento con una mirada de soslayo al mago.
El combate fue rápido y sucio. Tovak lanzo un conjuro de silencio a la base de las escaleras. Eso impediría que cualquier sonido del combate llegase arriba y pudiera ser odio por otras criaturas.

Un Ilekam ágil como un gato en un tejado, se lanzo a la carrera. Recorrió unos metros del pasillo y se lanzo a las piernas del primer enemigo rodando junto a el e incorporándose con el impulso. Al sorprendido trasgo no le dio tiempo a ver venir el golpe del hacha que termino con su vida, menos aun a ver como la daga del acróbata salía volando para acabar hundida en la garganta de su compañero.

Habían consumado el factor sorpresa, pero dos enemigos yacían muertos. Quedaban seis más. Cuatro trasgos estaban sentados en taburetes jugando a los dados en una desvencijada mesa de madera. Miraron sorprendidos al hombre y al enano. Ignoraban como habían llegado hasta allí pero no les importaba, solo veían a dos compañeros asesinados y se apresuraron a desenvainar sus sables. Mientras otros dos tomaron posiciones defensivas para dar tiempo a los demás a unirse al combate. Elric estaba decidido a no darles esa oportunidad. Se lanzo a la carrera en una feroz carga, y antes de que el primer enemigo tuviera tiempo siquiera de levantar su arma para detener el golpe de hacha, esta le había seccionado el brazo a la altura del hombro, y preparo el escudo para la inevitable respuesta de su compañero.

Ilekam saco otra daga y la lanzo con puntería, clavándosela al trasgo en el brazo que sostenía el arma, mientras corría hacia su amigo. Esa acción permitió que para cuando los demás estuvieran encima de ellos Elric ya rematase al infortunado.

Un rayo azulado surgió de los dedos extendidos del mago cruzando el tunel y acertó en el pecho a una de las criaturas, esta se desplomo con un olor a carne quemada allí donde había sido golpeada.

Ilekam desvió una estocada dirigida a su cabeza y pensó <<¡Que manía les ha dado a todos con mi cuello!>> Pero no perdió el tiempo, y con un golpe bajo mientras daba un paso atrás, rajo el vientre del trasgo, que inútilmente intentaba detener la caída de sus vísceras al suelo. A su lado Elric asesto un golpe ascendente en la entrepierna de otra de las criaturas. Mientras su cota de mallas absorbía el impacto del sable del último enemigo. Golpeo con el escudo en la cara del único trasgo que quedaba en pie, este reculo con la nariz sangrando profusamente. Dudo un instante, eso fue todo lo que Elric necesito para acertar en su desprotegido cuello. La cabeza salio rodando sin emitir sonido alguno.

Los tres amigos se miraron y sonrieron por un trabajo bien hecho. Habían cogido a los trasgos por sorpresa y estos no habían tenido opción a defenderse de los tres compañeros. Gracias al conjuro de silencio de Tovak lograron que ningún sonido de la lucha hubiese llegado a las áreas circundantes pudiendo alertar a más de esas criaturas si las hubiera.

Fue Ilekam quien actuó abriendo las puertas de madera de las sucias celdas donde se encontraban los cautivos. A medida que los asustados prisioneros eran liberados abrazaban agradecidos al pícaro. Este los apartaba visiblemente molesto por esa atención no solicitada. Tovak iba examinando con la vista a los liberados considerando cuales de entre esos desgraciados podían serles de alguna utilidad. Para el estaba claro, cuantos mas fuesen menos posibilidades había de ser herido. Enseguida descarto con disgusto a casi todos, excepto a un muchacho de rizados cabellos negros hasta los hombros y bien parecido. No había abierto la boca en ningún momento desde haber sido liberado ni mostrado signos de nerviosismo. Supuso que tendría poco más de veinte años, algo menos que Ilekam y el mismo. El mago advirtió que el joven le observaba a su vez. Solo entonces desvió la mirada desconcertado y algo incomodo. Mas tarde pensando en ello llego a la conclusión de que el mismo había sido valorado y que de algún modo no había superado su examen. Le incomodaba la mirada de sus profundos ojos verdes, le daba la impresión de que podían llegar a lo mas recóndito de su alma, se sentía vulnerable. Mas nervioso aun le ponía que el joven no parecía darle mayor importancia a la influencia que parecía ejercer sobre el.
-Tú -llamo bruscamente el enano al muchacho- ¿Cómo te llamas? ?le pregunto sin mas ceremonias.
-Sagramor ?fue la escueta respuesta que ofreció.
-Ninguno de estos palurdos de aquí serviría para sostener una espada sin que a un luchador decente le diera un ataque de risa ?comento el enano a sus amigos. Se volvió para mirar al joven Sagramor.
?Pero quizá el chico si ?continuo- Parece que se controla bien y camina como un luchador ?termino de argumentar.
Ilekam se interpuso entre los dos y le guiño un ojo a Elric.
-No ?dijo seriamente- no serviría. Te concedo que parece que tener ademanes de guerrero pero ¿Qué haría que quisiera acompañarnos? ¿posibilidad de tesoro? ¿por salvar a Arianna? No, no lo haría.
Sagramor se removió inquieto por primera vez ante la declaración del hombre de cabello castaño y oscuros ropajes de cuero, sobre todo ante el último comentario.
-No parece del tipo que se arriesgue por los demás ?continuo pinchándole Ilekam- Piensa que forma parte de los guardias de Melnac por oro, y además no será tan bueno si le ha contratado.
Melnac con su holgada túnica cubriéndole sus amplías redondeces se adelanto un paso con la clara intención de decir algo. Elric se interpuso.
-¿Si? ¿tienes algo que decir gordo? ?preguntó con cara enojada el enano- No hagas que me arrepienta de que te hayamos salvado el pellejo. Todavía podemos meterte en algún agujero de esos ?dijo señalando las celdas.
El comerciante de aceite se retiro sabiamente hacia sus hombres. Era algo arrogante y no muy listo, pero sabia que seria una estupidez hacer enfadar a un enano. Sobre todo a un enano con un hacha tan ensangrentada.
-Los llevamos a la salida para que no estorben, y que se apañen allí solitos. ?dijo Elric- ¡Ale! Cojed vuestras cosas ?les ordeno.
-Espera ?le corto Tovak- No podemos perder tiempo sacándolos de aquí. Piensa en Ari. ?se le ocurrió de repente para apelar al sentido de lealtad el enano- Les haremos un mapa y que salgan ellos solos, no hay peligros a nuestra espalda.
-Tienes razón ?concedió el enano- Que se vayan todos.
-Yo me quedo ?declaro sagramor.
-Qué tu ¿que? ?se le enfrento Elric.
-Me quedo ?insistió el joven.
-Te vas con los demás pimpollo. ¡Aun no estás destetado chaval! ?resolvió tajantemente el enano.
Se enfrentaron con la mirada. Sagramor se mantuvo impasible un buen rato, hasta que el pícaro intercedió por el.
-Dejemos que venga ?dijo al final- ya veremos lo que dura- Recoge tus cosas Sagramor ?le ordeno.
-Yo me encargo del mapa ?se ofreció Elric, además tengo que sacar de todas formas papel para marcar algunas equis ?comento riéndose.

Cuando se hubieron asegurado de que el orondo comerciante y la docena de guardias y carreteros entendían bien el mapa y que debían hacer, continuaron la exploración de túneles.
-Tu mantente detrás mío chaval ?le dijo Elric al joven- Así cuando haya ?galletas? no te lastimaran y con suerte te dejare alguno.
Sagramor no hizo caso de la pulla, pero suponía que ese enano bien podía decir la verdad. Se había fijado en que la mayor parte de las heridas de los cuerpos de los trasgos asesinados que había en el pasillo de las celdas tenían heridas de hacha.

Un rato más tarde se coloco junto al enano.
-Lo ha hecho a propósito ¿verdad? ?se atrevió a preguntarle.
¿A que te refieres chaval? ?pregunto confundido el enano.
Sagramor señalo con la cabeza al pícaro, adelantado unos metros de su posición.
-¡Ah! Te refieres a eso. Si me preguntas si te ha manipulado, te diré que si ?confeso- También lo ha hecho conmigo otras veces, se le da bien confundir al personal.

Algo mas tarde, cuando hubieron decidido que debían descender a un nivel inferior, el bondadoso enano decidió calmar un poco el ánimo del joven. Hacia media hora que le conocía y le caía muy bien. Era valeroso. Parecía estar dispuesto a ayudarles solo por que era lo que necesitaban. También se pregunto si eso no le costaría la vida al muchacho.
-Te diré que se le da bien juzgar a la gente, a veces parece ?don perfecto? ?le comento el enano. ?Te pico por que cree que puedes aportar algo ?le animo.
Ello pareció reconfortar de alguna manera al joven.
Sagramor miro a Tovak tan solo un momento. A este se le erizaron los pelos de la nuca en cuanto los ojos del joven se posaron sobre el.
-No juzga tan bien como parece ?comento mas para si mismo por lo bajo, que para Elric. Este no oyó el comentario.
Bajaron por unas angostas escaleras de caracol labradas por viejas manos expertas en la roca viva. Adentrándose mas aun en la oscuridad y el olor a muerte.

* * * * * *

El elfo se mantuvo inmóvil y en silencio durante algo mas de una hora, observando. Su silueta se confundía en las ramas del árbol en el que se encontraba subido. Desde su posición podía oír perfectamente a los trasgos, pero estos no podían ni siquiera olerle a esa altura. Había esperado pacientemente a que montasen un pequeño campamento y se relajasen. Tres de ellos hacían guardia mientras otros cinco dormitaban, incluido el líder del escaso grupo. Este llevaba un cofre diminuto del que no se separaba en ningún momento.

Las instrucciones de Tovak resonaban aun en su cabeza claras como el agua de un arroyo en verano. << La gema mágica debía estar en ese cofrecillo y era condición ineludible hacerse con ella si deseaban tener éxito>>.
Repaso mentalmente una vez más como iba a atacar al grupo. Había previsto las posibles reacciones de los trasgos, conocía muy bien a esa raza taimada.

Pasó en silencio de rama en rama hasta la altura de uno de los guardias, el mas alejado. Sin tener en cuenta que nuevamente comenzaban a caer gotas de lluvia. Cruzo las piernas fibrosas alrededor de la rama y se descolgó boca abajo. Alzo la barbilla del trasgo con una mano mientras que con la daga que sostenía en le diestra le degollaba silenciosamente. Sostuvo el cuerpo hasta que dejo de tener espasmos y lo dejo caer con cuidado sobre la hierba mojada. Volvió a elevarse a la rama, recogió el arco y las dos flechas que tenía preparadas en esa posición. Coloco una en el arco, apunto cuidadosamente y disparo a otro de los guardias acertándole en la garganta, ahogando así un posible grito. Como había supuesto el último de ellos oyó el silbido de la flecha y el ruido de su compañero al caer sobre la maleza. Rápidamente le disparo impactándole en el desprotegido costado causándole la muerte justo cuando daba la voz de alarma.

Aldaron salto al suelo ágil como un gato y corrió veloz aprovechando la confusión reinante entre los recién despertados, rodeando el campamento hasta la segunda posición elegida. Las criaturas eran inteligentes y para cuando se dieran cuenta de donde procedían los disparos en base a los astiles de las flechas y los dos cuerpos caídos, él ya se encontraría justo a sus espaldas.

Los monstruos se habían colocado cada uno junto a un árbol siguiendo las indicaciones del líder y dispersándose. El elfo sabía que querrían vengarse, no sentirse inútiles, y les daría la excusa que necesitaban para ir a por él. Se colgó el carcaj y saco algunas flechas que clavo en el suelo junto a la espada desenvainada. Coloco una flecha en el arco y disparo a la oscuridad por encima de las cabezas de los enemigos, cortando una cuerda. La mochila que pendía estratégicamente de la cuerda cortada por la flecha, se precipito estrepitosamente sobre un arbusto. Tal como había previsto varios de los trasgos con más ansia de sangre, se lanzaron en una loca carrera nocturna por el bosque hacia el ruido. No era casualidad que el elfo hubiera colocado la mochila justo donde menos maleza para ocultarse había, de ese modo las siluetas de las dos victimas eran perfectamente discernibles para su visión nocturna. Aldaron no perdió un segundo, cargo dos flechas y disparo al mas alejado en la espalda acertándole con ambas. Su compañero no se alejo mas, se volvió sorprendido sable en mano a tiempo de ver venir fugazmente otras dos flechan antes de que se extinguiese su miserable vida.

El elfo recogió la espada y salio corriendo agachado para cambiar rápidamente de posición, tarde o temprano darían con él pero no estaba dispuesto a ponérselo fácil. Clavo la espada en el suelo y coloco dos fechas en el arco. Oía a las tres criaturas que quedaban buscándole por donde había estado antes. Les oía comunicarse en su obsceno lenguaje. Ahora no seria tan fácil, ya había perdido la ventaja de la sorpresa y eran tres contra uno.

Se alzo de repente y apunto al mas cercano de ellos. Una de las flechas se clavo profundamente en el muslo y la otra se perdió en la noche. Dejo caer al arco y recogió la espada a tiempo de parar una estocada de sable dirigida a su cuello. El brazo del elfo se resintió debido a la fuerza imprimida en el golpe del trasgo. Podía ver al último acercarse corriendo para ayudar a su compañero mientras el líder se arrancaba con furia el astil y se alejaba cojeando. No podía perder el tiempo, sentía el aliento de la criatura en el rostro, oía sus gruñidos ansiosos de sangre. Paro un segundo golpe a tiempo justo cuando el segundo gran trasgo llegaba al combate. Aldaron desenvaino la daga y con una finta de la espada al lado del escudo del adversario le obligo a abrir la guardia un instante, lo suficiente para clavarle la daga en la ingle, quedándose esta para desesperación del elfo, atascada en el hueso.

El recién incorporado lanzo un furioso golpe de sable que el elfo apenas esquivo, recibiendo un corte poco profundo en el costillar cuando retrocedía un paso. Aldaron amago una falsa estocada contra el que le había herido y lanzo una patada a la daga clavada en el primero, hundiéndola hasta la empuñadura y haciendo hincar la rodilla al moribundo trasgo mientras se desangraba. El gran trasgo que continuaba en la liza paro sin dificultad la estocada falsa y contraataco con una serie de fintas destinadas a cansar al elfo. Aldaron no era ningún novato, y muy superior al enemigo al que se enfrentaba, pero perdía sangre y acabaría cansándose antes que su enemigo, aun así espero la oportunidad adecuada. Esta llego apenas medio minuto mas tarde, cuando el trasgo trastabillo en la semioscuridad debido a un mal paso. El elfo no desperdicio la oportunidad, ejecuto un golpe ascendente para obligar al adversario a detener la estocada, dejándole en una posición delicada, en el último momento giro violentamente la muñeca para evitar el arma que se interponía y le golpeo con el plano de la espada en la cabeza. El trasgo retrocedió aturdido un instante, sin defensa, y el elfo le clavo la espada en su negro corazón.

Dejo caer la espada al húmedo suelo y recogió el arco para perseguir al huido sin darse un segundo para retomar el aliento tras la lucha. Siguió fácilmente el rastro de sangre hasta un pequeño terraplén. El líder de los masacrados monstruos trataba de descender por el mismo con evidente dificultad debido a su herida, cuando vio al elfo causante de la masacre.
-Déjame marchar elfo ?le rogó- tengo oro para pagarte si lo haces.

Aldaron lo miro con ojos fríos como la luna nocturna de invierno. Su respuesta se clavo rápida en la cabeza del líder enviándole a la muerte. Su cuerpo rodó hasta la base del terraplén. Volvió al campamento a buscar el cofrecillo. Después recupero sus cosas, saco su cantimplora y lavo cuidadosamente su herida para finalmente vendarla tras aplicar unas hierbas curativas. Recupero de los cadáveres todas las flechas que aun podían utilizarse. Dejo los cuerpos para la carroña y se alejo de la matanza. Se sentó sobre una piedra grande y abrió con cautela el cofrecillo. Entonces pronuncio a la noche las primeras palabras desde el comienzo de la caza: ¡Oh no!

 

 


 
Muy buena, me agrada que siga asi. Cada vez se hace mas interesante.